En esta sesión de BDSM extrema, la regla 34 se aplica literalmente. La sumisa está atada y amordazada, completamente a merced de su dominatrix. Esta última la azota sin piedad con una fusta, dejando marcas rojas en su piel. Luego, cambia a cuerdas para atarla en una posición vulnerable, antes de penetrarla con un dildo gigante. La sumisa gime y se retuerce, pero no puede resistirse a la habilidad de su dominatrix para llevarla al borde del placer y el dolor.